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24 de julio de 2012

Sinceridad

Sinceridad no significa simplemente hablar con franqueza. Significa conocer claramente lo que sucede dentro de ti.
Tal claridad se refleja en tus palabras, que tendrán el poder de la verdad, y surgirán con facilidad y sin vacilaciones. La sinceridad genuina cultivada dentro de ti es lo que les llega a los demás y les influirá. 
Si los demás te influyen fácilmente a ti, tu capacidad de ser sincero se reduce. Los demás no podrán recibir de ti ese sentimiento de verdad, y en tus relaciones no habrá un sentimiento de amor. Parecerán superficiales. Aunque el amor superficial es mejor que la carencia de amor ya que por lo menos asegura que no te vuelves totalmente frío, es obvio que no es el auténtico. 
Se necesita mucho valor para ser honesto. Una de las cualidades más nobles de una persona es la capacidad de decir: «Lo siento, estaba equivocado y tú tenías razón». Lo que importa no es tener razón, esgrimir argumentos contundentes o lograr que acepten mis ideas. Lo que importa es ser capaz de reconocer mis errores, hacerme responsable de ellos, aprender la lección y seguir adelante con mayor grado de madurez. Lo que hace una persona grande no es que no se equivoque, sino que tenga el valor de de reconocer sus errores. 
La honestidad espiritual significa: “sé fiel a tu propio naturaleza”. Dios te creó a su imagen y semejanza y si Dios es amor entonces amor te creo a ti y cuando no andas en amor estas negando tu propio ser. Es uno de los pilares de la grandeza, ya que permite experimentar el amor de Dios, y el sentimiento de que Dios y yo estamos muy cerca. Hay un gran poder en esta experiencia. Por desgracia, en lugar de disfrutar de tal grandeza de una forma natural, la mayoría de las personas renuncian a esta oportunidad poniendo excusas. Las excusas o justificaciones también son una forma de la falsedad. 
Donde hay sinceridad y honestidad, los sentimientos se vuelven puros y limpios. 
Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:7-8

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