En general, es más fácil darnos cuenta de nuestras carencias que apreciar lo que tenemos. Siempre que surgen situaciones adversas en nuestro camino, tendemos a enfocarnos sólo en lo que nos falta. Cuando tenemos esta actitud, somos incapaces de hacer ningún esfuerzo para cambiar la situación. Entonces tendemos a culpar a los demás o a poner excusas.
Por otro lado, tendemos a valorarnos a través de nuestros logros y de la consideración y apreciación que recibimos de los demás. Esto hace que nuestro sentimiento de valía dependa del exterior. Puesto que todo lo que viene del exterior no siempre es estable, nuestra mente y pensamientos fluctúan de acuerdo a ello. A veces estamos felices y a veces no.
Cuando somos capaces de apreciar nuestro propio valor inherente, entonces podemos usar de la mejor manera nuestras habilidades y talentos. Nos daremos cuenta de cuan capaces somos, y no necesitaremos más el reconocimiento de otros para sentirnos bien acerca de nosotros mismos.
Como práctica para experimentar, podemos percibir hoy cada reto o adversidad como una oportunidad para desarrollar nuestras habilidades y descubrir nuestros recursos escondidos. Cuanto más hagamos esto, más progreso experimentaremos.
Dios nunca te va a abandonar, siempre esta contigo, por lo tanto siempre recuerda su promesa y confía en todo momento en El.
"Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré". Hebreos 13:5

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