
Muchas veces al hablar, hablamos cosas que no queríamos decir. Pero lo cierto es que asumimos que esto de pensar antes de hablar no es tan importante, pero la verdad es que si tenemos que tener cuidado con las cosas que decimos. Dice la biblia: “Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de mis labios”. La mayoría de las personas al hablar no expresan lo que ellos dicen creer. Pon atención a lo que ellos dicen y te darás cuenta de esto. Por ejemplo, cuando se trata de la salud, dicen que confían en Dios, pero los oyes decir: "ESTOY SEGURO DE QUE ME VA A DAR GRIPA, PORQUE TODOS LOS AÑOS ME DA". Ahora ¿Crees que esas personas obtienen lo que ellas dicen? ¡Claro que sí! Pregúntales unas semanas después y su respuesta será que se enfermaron, tal como lo habían dicho. Si quieres conocer lo que hay en tu corazón, observa y escucha lo que haces y dices cuando estás bajo las presiones de la vida. Es por esto que Jesús dice: “De la abundancia del corazón habla la boca”. Pero si tratas de decirles que hay cierta relación entre las palabras que dijeron y las cosas que están viviendo, te mirarán como si estuvieras loco. Lo cierto es que lo que hablamos siempre revela lo que hay en nuestro corazón.
Ahora, si conocieras la Palabra de Dios y entendieras lo que El dice acerca de la situación que estas viviendo, entenderías que LAS PALABRAS QUE HABLAS TIENEN UN GRAN IMPACTO EN TU VIDA Y DEFINEN, CASI LITERALMENTE TU FUTURO. Cuando una persona conoce la voluntad de Dios y cree en su corazón y confiesa con su boca que Jesús es el Señor, ya esas palabras habrán cambiado el curso de su vida por siempre. Y si este ha sido tu caso entonces sabrás por experiencia propia el poder que tienen las palabras.
Pero del dicho al hecho… la verdad es que si tú eres como yo, te habrás dado cuenta de que es difícil ser constante cuando se trata de hablar palabras llenas de fe. Nos hemos pasado la vida hablando las palabras equivocadas, palabras llenas de temor, hemos estado creyéndole más a las experiencias pasadas y a las circunstancias que estamos viviendo que a Dios. Esto hay que practicarlo todos los días, de eso se trata nuestra comunión con Dios, de que otra manera podrás estar de acuerdo con Dios si no lo conoces, como El dice podrán andar dos juntos si no estuvieran de acuerdo; Yo he estado practicándolo, sin embargo, a pesar del tiempo que llevo haciéndolo y de conocer esto, siempre debo tener cuidado con mis palabras.Todo lo que te rodea es como una corriente negativa que esta tratando de arrastrarte, como un río caudaloso. PERO CUANDO VIVES POR FE Y HABLAS PALABRAS DE FE, ES COMO ESTAR REMANDO CONTRA LA CORRIENTE. Pero puedes hacerlo, aunque parezca una tarea muy difícil. Para esto debes tener en cuenta que nunca podrás darte el lujo de tomarte unas vacaciones en ese trabajo. Si aflojas un poquito, la corriente empezará a llevarte río abajo. Es importante que entiendas que las palabras sin fe no tienen ningún efecto, así como la fe sin palabras tampoco. Ambas son necesarias. Llena tu corazón con la palabra de Dios al meditar en ellas, pensar en ellas, relacionarte con ellas, entiende esto: Dios es su Palabra, El dice que su Palabra es espíritu y es vida.
Toma la decisión de cuidar lo que vas a decir, llénate constantemente con la Palabra de Dios y así podrás hablar correctamente de acuerdo a cada situación. ¿Que significa esto? Que estarás hablando aun sin pensar, las palabras correctas, porque ellas saldrán de tu corazón, por lo tanto, cuando te sorprenda un problema, le hablaras al problema la palabra de Dios. ¿Y sabes que va a ocurrir? Exactamente lo que Dios prometió.
Dios dice: "HIJO MÍO, ESTÁ ATENTO A MIS PALABRAS; INCLINA TU OÍDO A MIS RAZONES" (Proverbios 4:20). Has de la Palabra de Dios tú morada, tu habitación, tu refugio y todo lo que digas te llevará un poco más río arriba. Conoce a Dios, la única forma de conocer a Dios es a través de su Palabra, esa Palabra se encarnó, se hizo hombre… y su nombre es Jesús.
“Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo.Pues es por creer en tu corazón que eres declarado justo a los ojos de Dios y es por confesarlo con tu boca que eres salvo. Como nos dicen las Escrituras: «Todo el que confíe en él jamás será deshonrado»” Romanos 10:9-11
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