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13 de julio de 2012

Lo que siembras eso cosechas


"Con las leyes del de Dios sucede como el hombre que siembra la semilla en la tierra..." Esto comentó Jesús y él siempre comparaba el reino de Dios con LA SIEMBRA Y LA COSECHA. Es un concepto fácil, algo que todos podemos entender, "lo que siembras eso cosechas". Ahora, lo cierto es que Dios ya nos ha bendecido en todo, de hecho, Dios esta comprometido por pacto en cumplir todas sus promesas en la vida de todo aquel que por fe vive por ellas, promesas que ya fueron todas cumplidas en Jesús, es un hecho en el cielo, pero ¿por qué muchos no están recogiendo una cosecha abundante en cada temporada? La respuesta es porque están sin hacer nada, están esperando que Dios haga todo el trabajo, pero Él no hace las cosas de esa manera.
Él colabora con nosotros, pero no lo hace todo. Hay algunas cosas que debemos hacer por fe si queremos recoger una buena cosecha en el tiempo de la siega.
Primero, debes sembrar por fe la semilla de la Palabra con la esperanza de que esta crezca. Debes encontrar las preciosas promesas de Dios en su Palabra y sembrarlas en tu corazón y en tu vida.
Luego, debes "regar" la semilla, si, regarla todos los días dando gracias por medio de la fe y con la confesión del agua espiritual de la Palabra. Esa Palabra contiene vida y esas semillas de promesas no podrán crecer sin ella.
Y por último, tienes que deshacerse de la mala hierba, esos pensamientos que continuamente te acosan, son semilla que producen la mala hierba. Cuando la mala hierba del rencor, la duda, el temor, el desaliento y toda las otras basuras que el diablo trata de sembrar en tu cosecha quieran entrar, deshágase de ellas para que no ahoguen la Palabra.
Eso va a requerir que seas diligente. Nadie más lo hará por ti. Es necesario que deshierbes tu propia cosecha. Tendrás que ser muy firme para esto. Cuando la mala hierba empiece a salir, ¡ARRÁNCALA! No le des lugar en tu mente ni por un momento, desarráiguela y remplácela y riéguela con la promesa de Dios. No te conformes con una flor silvestre cuando puedes tener lo mejor de lo mejor de Dios.
No te quedes con los brazos cruzados esperando que Dios planee tu cosecha. Empieza a sembrarla. Empieza a vigilar tu tierra (tu mente) para mantenerla húmeda con el agua de la Palabra y libre de la mala hierva. Comprométete a hacer tu parte y confía en que Dios hará la de Él; y tendrás una cosecha abundante esta temporada.
Efesios 4:22-32

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